Tarragona 2017, ¿Juegos en jaque?

Hace casi un año el Comité Internacional de los Juegos Mediterráneos eligió Tarragona como la sede de los Juegos para el 2017. El certamen se presentó y sigue siendo el proyecto bandera del actual Ayuntamiento de Tarragona, pero el tiempo corre y no precisamente a su favor. El secretario de Estado del Deporte advirtió hace unos días que no hay dinero para Tarragona 2017 y la Generalitat no prevé, por ahora, partida alguna. Y aunque los interrogantes sobre la viabilidad económica de Tarragona 2017 son cada vez mayores, el Ayuntamiento no da su brazo a torcer.

La crisis ha obligado a rebajar las expectativas. Cuando se designó la ciudad sede de los Juegos (con sólo dos votos más que Alejandría), se desató la euforia. El alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, declaró exultante que "Tarragona vuelve a ser el centro del mundo, y eso hace 2.000 años que no pasaba". Apenas un año después, la situación económica no ha hecho más que empeorar y poco se ha hecho para implicar a la ciudadanía y entidades en un proyecto que se presentó y se mantiene como una oportunidad "histórica" para la ciudad. Por el momento, no figura en las agendas y cada vez más gente se pregunta qué aportará, qué legado dejarán los Juegos a Tarragona y, sobre todo, a qué precio.


El trabajo se ha centrado hasta ahora en la redacción del plan director (para su redacción el Ayuntamiento destinó 350.000 euros), que está previsto que se presente la última semana de octubre o la primera de noviembre. Este documento determinará las obras, las inversiones que requieren y la logística necesaria para acoger a unos 10.000 deportistas procedentes de los países del arco mediterráneo. "Se ha reestructurado la inversión y se ha adecuado a la situación actual", dice Ramon Cuadrat, gerente del Patronat Municipal d'Esports y responsable del plan director.


Hasta ahora, la inversión prevista era de entre 110 y 130 millones de euros, un 60% de las cuales procedería de inversión privada. Hay que añadir otros 50 millones por la organización de los Juegos, que durarán diez días (entre junio y julio). Además de una villa olímpica (la Vila Mediterrània), en Tarragona hay que construir un pabellón (con capacidad para 5.000 espectadores), una piscina olímpica (para 3.000 espectadores), remodelar la pista de Camp Clar -donde estará el centro neurálgico de los juegos- y el campo del Nàstic. Todo ello en menos de cinco años y sin que ninguna administración haya comprometido aportaciones.


"Tarragona 2017 será un proyecto sólido y eficiente, el 70% de las infraestructuras necesarias ya están construidas y en funcionamiento", insiste Javier Villamayor, concejal y miembro del Comité Organizador de Tarragona 2017. Lo cierto es que la candidatura cuenta con los equipamientos de otras doce ciudades. En Tarragona se disputarían las competiciones de atletismo, baloncesto, fútbol, gimnasia, golf, natación, waterpolo, tenis, tiro, voleibol, esquí náutico y taekwondo y el resto se repartirían entre: Barcelona (hípica), Calafell (esgrima, fútbol y tenis de mesa), Cambrils (judo, karate y tiro con arco), Castelldefels (piragüismo y remo), Constantí (halterofilia), El Vendrell (boxeo), La Selva del Camp (balonmano), Reus (balonmano y fútbol), Salou (triatlón, vela y voley playa), Torredembarra (bádminton y voleibol), Valls (baloncesto y fútbol) y Vila-seca (ciclismo, lucha y petanca).


"Los Juegos del Mediterráneo son una oportunidad para demostrar al mundo que Tarragona puede organizar un gran acontecimiento y hay que aprovecharlo", insiste Villamayor. El contrato que el Ayuntamiento firmó hace un año en Mersin (la ciudad turca que será sede de los Juegos el próximo año) establece, entre otras condiciones, el pago de dos millones de euros al Comité Olímpico Internacional. El Consistorio ya ha abonado la cuota de este año, de unos 300.000 euros. Un peaje anual hasta el 2017 que resulta significativo si se tienen en cuenta los recortes que impone la crisis y el limitado margen financiero del Ayuntamiento.


A este montante hay que añadir los cinco millones que costó la organización de la candidatura hasta alcanzar la designación y que todavía se están liquidando. Está previsto que, en cuanto se presente el plan director, se hayan saldado las deudas que se generaron. El equipo encabezado por Mario Rigau y que gestionó aquel proceso quedó apartado al constituirse el comité organizador, que incluye, además de a todos los grupos municipales, a representantes de todas las administraciones.


La Vanguardia