La Real Sociedad se lleva con autoridad el derbi vasco


Real Sociedad 2 – 0 Athletic


La Real Sociedad impuso su ley en Anoeta con una superioridad incontestable que sólo encontró respuesta en algunas intervenciones de mérito del guardameta rival, Gorka Iraizoz.


El partido nació marcado por las novedades en la portería: tanto en la local como en la visitante. Iraizoz regresaba a la meta del Athletic el mismo día que se estrenaba esta temporada el arquero suplente de la Real Sociedad. El joven Zubikarai apuntaba a gran protagonista de la cita: por su falta de experiencia en la élite, por los precedentes (favorables al Athletic) y por las dudas de defensa del equipo local. Sin embargo, una vez rodó el esférico la historia fue muy diferente: el suplente de Claudio Bravo no tuvo -apenas- ocupación y se convirtió en un mero espectador del juego que brillantemente desplegó su equipo.


El encuentro arrancó roto y así murió al descanso. La primera mitad alumbró un fútbol de ida y vuelta que descubrió los problemas del Athletic en el centro del campo, y el desajuste en la medular de la Real Sociedad. Sin embargo, fue el conjunto realista el que encaró la portería contraria con mayor peligro y, como muestra, los datos: Iraizoz tuvo que intervenir en nueve ocasiones de gol en todo el encuentro; la inmensa mayoría en la primera mitad. Pese a todo, el equipo local se marchó a los vestuarios sin premio; lo mejor estaba por llegar.


Siempre vibrante, el choque se reanudó con la misma intensidad que en la primera mitad, demostrando lo importante que es para ambos imponerse en un duelo que ha rivalizado a generaciones vecinas durante más de cien años. No obstante, la Real Sociedad siempre estuvo un paso por delante de su rival y su manifiesta superioridad terminó materializándose en el primer gol. El talento de Agirretxe y la entrega de Griezmann fueron suficientes para adelantar a su equipo, ante el delirio local. El tanto no respondió tanto a la calidad del francés como a su astucia para contemplar el error de la defensa y poner el esférico donde nadie vestido de rojiblanco lo encontraría. Desde entonces, el fútbol en Anoeta no fue más que un monólogo continuo de los de Montanier, lanzados a por la sentencia; no tardaría en llegar.


Otra vez Griezmann se dejó caer por la portería de Iraizoz en una bella jugada de equipo. El meta acertó a despejar el lanzamiento del francés aunque sin demasiada fortuna. El rechace cayó en manos de la Real que estrelló el balón en las manos de Amorebieta -que se protegía de un posible golpe en la cara-. Las consecuencias marcaron el partido: el Athletic se quedó con diez por doble amarilla del internacional con Venezuela y, de inmediato, Carlos Vela -de penalti- condujo a la afición txuri-urdin a la euforia.


La entrada de Fernando Llorente, con 25 minutos por delante, no cambió la historia. El punta estuvo desasistido y su talento claudicó en una noche desesperante para cualquiera que dependa de la asistencia de un centro del campo desorganizado, como el del Athletic. Con él en el campo, los realistas se dedicaron a conservar el resultado y, por momentos, parecía que no eran capaces de contener la emoción por una victoria que tenían en el bolsillo. El duelo se despidió con abrazos y apretones de manos entre rivales, dejando patente que el fair-play hace tiempo que es protagonista en el duelo entre vecinos.


Al final, triunfo merecido de la Real Sociedad, que dejó atrás con autoridad el último precedente en Anoeta del célebre derbi vasco -con victoria visitante y Llorente colmado de inspiración-. Los de Montanier dan un salto en la clasificación de la Liga BBVA y se sitúan en la mitad alta de la tabla. A Bielsa y los suyos les toca reflexionar.


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