El legado de los JJ.OO. de Londres 2012

Cuando la resaca olímpica está empezando a desvanecerse, hay unas cuantas cuestiones dignas de ser analizadas a posteriori para entender cómo se han enfocado los Juegos Olímpicos de Londres 2012 desde el punto de vista socio-económico y mediático.

En el clima hostil que envuelve la economía internacional y tras el convulsionado ambiente provocado por los brutales recortes en sanidad y educación, varias voces críticas se han alzado contra el descomunal gasto que las olimpiadas han supuesto para las arcas del Estado.

Teniendo en cuenta las reducciones de personal en hospitales y colegios públicos sumado a las continuas "inyecciones económicas" (subterfugio para traspaso de capital público a entidades privadas) es fácil imaginarse un descontento general ante tal despilfarro; no obstante, el papel de los medios de comunicación ha sido crucial para minimizar el eco de las protestas primero y acallar las conciencias después con un bombardeo de información puramente deportiva que ha trasladado cualquier debate al plano exclusivamente competitivo y con la adición de una ola de patriotismo iniciada ya con el jubileo de la reina y alimentada con los buenos resultados del equipo británico.

En el plano de la seguridad, además de los millones de libras que ha costado y el fiasco de la empresa G4S (quien tras firmar un contrato multimillonario no fue capaz de cumplir con los requerimientos acordados), ha ocurrido algo novedoso a la vez que inquietante: no sólo hemos tenido una abrumadora presencia de fuerzas civiles en las zonas olímpicas, sino que esta vez se han desplegado efectivos del ejército en la capital haciendo que el número de fuerzas armadas en Londres casi duplicara a las presentes en Afganistán; al final resultó que su principal en los Juegos Olímpicos más corporativizados y comerciales de la historia ha sido rellenar los cientos de asientos vacíos debido a una nefasta gestión de las entradas, que acabaron mayoritariamente en manos de grandes empresas privadas para satisfacer a sus clientes más ricos quienes no mostraron tanto interés por el deporte como se habían imaginado.

La mencionada empresa de seguridad G4S es un tema aparte; su crecimiento está siendo vertiginoso en los últimos años con la concesión por parte de sucesivos gobiernos británicos de la gestión de prisiones, centros de internamiento de menores y deportaciones al extranjero; cuenta ya con presencia en 125 países, y su historial de abusos de derechos humanos es escalofriante con los mas recientes casos de muerte de personas a su cargo con Jimmy Mubenga, quien falleció a manos de tres de sus guardias de seguridad durante un vuelo de British Airways.

Cabe mencionar en este campo la represión policial durante los prolegómenos de este circo, con una protesta de ciclistas (Critical Mass o Masa Crítica, una reunión popular de ciclistas que ocurre en muchas ciudades del mundo) que acabó a porrazos y con decenas de detenciones ilegales sin mención alguna en los principales noticiarios; solamente gracias a los medios alternativos de contra-información como 'Corporate Watch' o 'Indymedia' ha sido posible mantenerse al día de las cuestiones extra-deportivas alrededor de los juegos, hecho que excluye al ciudadano medio con escaso o nulo conocimiento sobre tales fuentes. Esto es todavía más preocupante en un país con tan larga tradición de periodismo independiente bastante molesto para el poder dentro de las limitaciones que implica pertenecer a los "mass media". Peculiaridades como la prohibición de vender patatas fritas que no sean de una conocida cadena de comida rápida o que algunos activistas del grupo Space Hijackers hayan visto sus cuentas de Twitter suspendidas tras sus campañas de concienciación son pequeñas evidencias de la magnitud del complejo entramado político-económico.

Las conclusiones extraíbles de estos planteamientos son cuanto menos inquietantes, sino aterradoras, con un paisaje orwelliano donde ya no caben voces disidentes que cuestionen una gestión cada vez más enfocada a los beneficios de unos pocos a costa de una mayoría domada por la flauta de los medios de comunicación masivos. Con el comienzo de la liga de fútbol entramos de nuevo en la dinámica de pan y circo, de modo que todos contentos. Sin duda, "un mundo perfecto".

La Vanguardia